Se cuentan tantas leyendas en torno a los cementerios, por la naturaleza de estos, se considera un lugar donde descansan todos los muertos, o donde se pretende que lo hagan, pues a lo que se dice, muchos de ellos no están tan en paz como quisiéramos.

Hoy les contaré la historia de Pedro un albañil quien después de lo que le sucedió en un cementerio, se convenció que puede haber vida después de la muerte y que los muertos también hablan.

Pedro Cárdenas Velázquez, es un joven que se dedica a los oficios de albañilería y pintura, los días en que se festejan a los fieles difuntos suele acercarse a los cementerios donde familias lo contratan para limpiar o arreglar las sepulturas, para que así el día 2 de noviembre luzcan bonitas a las llegada de las ánimas.

Pedro relata que hace aproximadamente dos años, días antes a la fecha del día de muertos, se encontraba en el cementerio de la ciudad de Acayucan donde realizaba un trabajo, de repente a distancia observó la silueta de una persona, efectivamente era una mujer, quien al parecer observaba una tumba, al darse cuenta la mujer de la presencia de Pedro, le hizo una seña para que se acercara a ella.

Para Pedro, era común que personas desconocidas le hablaran pues por lo regular le pedían sus servicios de albañilería, al llegar ante esta persona, Pedro notó que se trataba de una mujer de aproximadamente 50 años, era alta como de 1.70 m de estatura, de tez morena, cabello largo y oscuro; y llevaba un vestido blanco y largo, adornado con flores.

Al estar frente a ella, Pedro preguntó a la dama en que podía ayudarle a lo que ella respondió: “mira muchacho quiero que me arregles esta tumba, hace años que nadie la limpia o le pone unas flores, para este 2 de noviembre la quiere ver bonita y bien pintadita”.

Sin pensarlo Pedro aceptó, antes de que la misteriosa mujer se fuera, él preguntó que quién le pagaría por el trabajo o donde la podía localizar, la dama se le acercó y le dijo: “mira tú déjamela impecable, el día 2 yo aquí estaré y te pagó, o sino, puedes ir a buscarme al palacio municipal yo ahí trabajo, mi nombre es Ernestina”; y después se marchó.

Al día siguiente Pedro se levantó muy temprano, juntó sus herramientas y se fue al panteón para hacer el trabajo que doña Ernestina le había encargado, limpió la tumba, la pintó, la dejó lo mejor posible para que esta dama quedara contenta con su trabajo, una vez que terminó se dispuso a ir a buscar a la señora para informar que ya estaba listo.

Fue el día 31 de octubre cuando Pedro llegó a las oficinas del palacio, allí se encontró con un empleado y le preguntó qué en qué oficina podía encontrar a la señora Ernestina Martínez, este empleado confundido le dijo lo siguiente: “muchacho efectivamente doña Ernestina trabajaba aquí pero hace años que ella falleció, si quieres encontrarla búscala allá en el panteón”.

Un poco desconcertado y tal vez hasta espantado, Pedro regresó al panteón en donde para quitarse las dudas se acercó a don Goyo, el encargado del panteón, y le preguntó lo siguiente: “Don Goyo hace días me encontré a una señora y me encargo un trabajo, me dijo que se llamaba Ernestina Martínez, que cuando terminara la buscara en el palacio, ya fui pero me dijeron que esta señora hace años que se murió”; el panteonero soltó una carcajada y le dijo: “hay hijo se me hace que te chamaquearon, porque esa que dices tiene años que murió, es más esa tumba donde ayer te vi trabajando, es de ella, quien sabe quien te contrató porque esa señora hace años que está enterrada aquí”.

Aquí termina la historia de Pedro quien se dio cuenta que los muertos hablan, que a pesar de ya no estar en este mundo en estos días especiales vuelven a la tierra esperando encontrar un gesto de cariño de las personas que en viva tanto amaron.

Por: Lauro Román.

Compartir